Un universo en mi taza de café by mabm


cafe
Imagen de Henn Kim

Érase una vez, -con dos terrones de azúcar por favor-, un lugar en un humeante planeta a la deriva en un latte universo macchiato donde siempre era de noche. Sus habitantes no se consideraban oriundos de ese diminuto mundo que flotaba en aquel trocito de cielo sino ciudadanos de su utópico paraíso. No existían las fronteras porque no había necesidad de que las hubiera, todos en aquel idílico microcosmos disfrutaban de todo lo que necesitaban para sobrevivir y eso era suficiente, eran felices porque no precisaban más; de esta manera desterraron a la envidia de sus vidas. Allí tampoco existían las etiquetas, la tolerancia era su bandera y a la vez su garante de paz, el agradecimiento su moneda y la familia y amigos su patria. Los niños pasaban horas jugando en la calle. No había líderes ni escalafones ni directrices, actuaban guiados por el corazón; era algo así como una especie de anarquía coronaria, un pacto tácito, no verbal de «vive y deja vivir». Y a pesar de estar sumidos en la más profunda oscuridad, aprendieron a mirar más allá de la piel, a asomarse al alma.

Un día un pequeño explorador vio como un rayito de luz caía del cielo y lo siguió. Encontró un brillante objeto de cinco puntas y lo colocó en la mesita junto a su cama para que iluminara sus sueños. La extraordinaria luz se escapaba por la ventana de su habitación y iluminaba todo a su alrededor. Todos querían un cachito de ese extraño artefacto y el crío no dudaba en regalarle un trocito a quien se lo pidiera. Pero el niño se hizo mayor y las muestras de agradecimiento dejaron de ser suficientes, quería más. Su gran tesoro comenzaba a consumirse y la demanda crecía a diario. Así que, sabedor del gran poder que aquello le otorgaba, le puso precio a cada porción de luz que entregaba. Y ahí comenzaron los problemas…

—Perdone señorita —interrumpió mis ensoñaciones el camarero—. Es hora de cerrar, aquí le dejo la cuenta.
—Muchas gracias. Aquí tiene. Quédese con el cambio —respondí  mientras me levantaba de la silla.

Noviembre 2016

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