Historias de Navidad (I) ©by mabm


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Todo lo aquí se relata, aconteció una noche, en teoría, de paz y amor.

Era Nochebuena. Fuera la nieve caía plácida, sin prisa pero sin pausa, vistiendo las calles de blanco roto. Dentro, el fuego danzaba en la chimenea y caldeaba la estancia donde los miembros de la familia, reunidos alrededor de una elegante y excesiva mesa, se ponían al día de sus venturas y desventuras mientras degustaban sabrosos manjares. Los más pequeños, que pasaban de tales menesteres y viandas, correteaban alrededor del árbol de Navidad que presidía, solemne, el gran salón. El más pequeño, todavía a gatas, intentaba, en vano, atrapar al raudo trenecito que no paraba de dar vueltas alrededor de su fornido tronco.

El pobre abeto temía que aquellos inquietos chiquillos lastimaran alguna de sus frágiles ramitas o a algunos de sus pequeños inquilinos. La estrella que lo coronaba, enroscada en la rama más alta, estaba aterrada y cada vez que uno de esos diablillos pegaba saltitos intentando alcanzarla, se retorcía pasándose de rosca.

El rechoncho muñeco de nieve que colgaba dos ramitas más abajo, comenzó a organizar a un ejercito de bolitas y otros ornamentos para que, en orden de llegada a la cima, la estrella, a modo de catapulta, los lanzara contra aquellas insolentes criaturas. s abajo, un diminuto cañón, que pendía balanceándose de una brillante cinta de terciopelo roja, también quería cumplir con su explosivo cometido. De igual modo que un pendulante castillo de arena que deseaba aportar su granito, aunque nadie entendiera que hacía allí colgado; ¡ah sí!, era un llaverito que habían traído de una excursión a la playa y lo habían reciclado como un adorno navideño más.

El primero en ser despedido por los aires por la radiante estrella fue un pequeño cascanueces que, en pleno vuelo y muerto de miedo, abrió instintivamente la mandíbula que, en el momento justo del impacto contra el moflete de la pecosa niña, tensó con fuerza: —¡Ay! — se oyó chillar a la chiquilla. La bola azul sería la siguiente, pero la roja, como quien no quiere la cosa, le pasó delante y claro… se armó el belén. Aprovechando el momento de caos y confusión, una galletita de jengibre se deslizó por una peluda guirnalda como si de un tobogán se tratara y terminó en el buche del cañón: tres, dos, uno… ¡pum! —¡Au! — se quejó, atónito, el niño mientras se llevaba las manos a la cabeza. Y el bebé, sin cejar en su empeño de pillar al trenecillo, terminó en volandas enganchado del pañal por una traviesa y descarada rama: —¡Bua, bua! —lloraba el desconsolado desdentado al verse suspendido por los aires.

Diciembre 2018

 

 

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38 respuestas a “Historias de Navidad (I) ©by mabm

  1. Todo lo aquí se relata aconteció una noche, en teoría, de paz y amor. Mucha miga y mucha gracia. Esto es más que un cuñado a tu derecha. Me gusta. Saludos.

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  2. Ja, ja, ja… Todavía me duele la cabeza de repetir cumplidos y las muelas, no solo por el golpe del cascanueces, también, del empacho de dulzura de los polvorones,, el turrón y de los melosos y vacuos deseos de almíbar insistente… Tendríamos que guardarnos algo para los meses sucesivos…. Alegría necesaria, pero nunca obligatoria, y que sobreviva el árbol

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