Masquerade ©by mabm (NUEVA VERSIÓN)


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PERSONAJES

  • Narciso: el prota, enamorado de Amina y mejor amigo de Osicran.
  • Amina: objeto de deseo de Narciso y loca de amor por Osicran.
  • Lena: hermana de Amina, bebe los vientos por Narciso.
  • Osicran: el ebanista amigo de Narciso, enamorado de Lena y tercero en discordia.
  • Ángel y Diablo: el Pepito grillo con doble personalidad de Narciso.
  • Abuelita: la abuela de Amina y Lena, que desde pequeñas vive con ellas.
  • Celador: personal sanitario que traslada a Osicran a planta desde el box.
  • Narrador: la voz imparcial que cuenta esta disparatada historieta.

Jueves de dos mil veintitrés, en algún momento entre febrero y marzo.

ACTO PRIMERO

Escena I

NARCISO

Alcoba de Narciso

NARCISO.- ¡Ay, pobre de mí! La amo, la amo, la amo… La amo más que a mi bello reflejo en el espejo. Pero ¡ay, pobre de mí! Ella ama a otro. Si tan solo me concediera una noche, una sola noche de mi oscuridad con su luna y sus estrellas, lo sé, estoy seguro, tan seguro como que el sol sale por el estey se pone por el oeste, caería rendida a mis pies. Y ora heme aquí, como un pobre diablo moribundo de amor sobre este tálamo de espinas que manos amigas tocadas por los mismísimos ángeles esculpieron para consumar nuestro amor. Pero lo sé, tan cierto como que al nacer comenzamos a morir, ella será mi mujer y las dolorosas espinas se tornaran pétalos de rosa cuando yazca a mi vera.

Escena II

AMINA y LENA

                  A la orilla del río                    

NARRADOR.- Amina y su hermana  serpentean por la ribera teorizando acerca del amor, mientras Narciso continúa divagando en su alcoba.

AMINA.- ¡Ay, querida hermana! ¿Por qué penar por ellos es nuestro sino? ¿Por qué no me ama quien yo amo y no amo a quien me ama? ¡Qué caprichosos son los hados e impertinentes las deidades a quien encomendamos nuestras cuitas! O ¿acaso será que un beodo Cupido ha errado su tiro? Dime hermanita, ¿por qué si de amor no se muere siento que este sentimiento me está matando por dentro? Ay Osicran, mi dulce Osicran, si me quisieras…

LENA.- ¡Cómo no te voy a entender, hermanita, si mi alma, como la tuya, carga la misma pesada cruz!¡Cómo no te voy a entender si calzamos los mismos zapatos! Pero dejémonos de lamentaciones… y ¡vamos hermana!,  sigamos caminandoque tanto dolor, como camino, más pronto que tarde verá su fin.

Escena III

NARCISO

Balcón de su alcoba

NARRADOR.- Narciso sale a tomar aire y arranca una margarita de la jardinera de terracota que pende, vacilante, de la barandilla que le separa del fin de su sufrimiento.

NARCISO.- Me quiere, no me quiere, me quiere… no me quiere. ¡Maldita, fastidiosa y atrevida flor que osas atormentarme con un no como respuesta! No me ama, pero me amará. Si tan solo me concediera una noche…

Escena IV

AMINA y LENA

Bajo al balcón de Narciso

NARRADOR.- Osicran pasa al lado de Amina y Lena, aunque solo tiene ojos para la segunda y para sí mismo cuando, absorto en su trémulo reflejo en el cristal del escaparate, se detiene a contemplar tal prodigio de la naturaleza.

AMINA.- ¡Mira, mira, Lena, es Osicran!, ¿verdad que es hermoso? ¡Ay hermana, ojalá supiera al menos que existo! Daría mi vida y tres cuartos para que esta incipiente noche no llegara a su fin y robarle un beso a la trémula luz de un candil. Eh, Lena, ¿qué te ocurre?, tal pareciese que hubieras visto una ánima.

LENA.- ¡Oh trágame tierra! ¡Mira quién asoma por la balaustrada! ¡Es Narciso! ¿Llevo bien el cabello? ¡Corre Amina! ¡Vámonos!, no vayan a pillarnos mirándoles.

Escena V

NARCISO

Desde el balcón

NARRADOR.- Narciso ve pasar una comparsa que anuncia la mascarada que, en pocas horas, acontecerá en la explanada de la parte alta de la ciudad. Y es en ese justo momento cuando se le enciende la bombilla y traza el plan.

NARCISO.- ¡Oh caprichosas y oportunas musas! ¡Qué suerte la mía! Esta noche será mi noche, con su luna y sus estrellas. Esta noche los dioses me serán propicios y los hados me acompañaran en la titánica gesta de conquistar su indomable corazón. Esta noche por fin podré tastar sus melifluos labios, que tantas veces he soñado. Pero… si Osicran acude, ella solo tendrá ojos para él. ¡Oh efímera e irrisoria ilusión! ¡Oh fugaces instantes de quimérica felicidad!

Escena VI

ÁNGEL y DIABLO

Entre el Bien y el Mal

NARRADOR.- Y en pleno combate consigo mismo, su mirada queda fija en la jardinera de terracota de margaritas huérfanas. Entonces, un maquiavélico diablillo apostado en su hombro izquierdo le gana el pulso al adorable angelito del derecho.

ANGELITO.- ¡No Narciso, ni se te ocurra! Sé lo que estás pensando y no está bien.

DIABLO.- ¡No hagas caso Narciso! En el amor y en la guerra todo vale. ¿La quieres?, pues aparta la piedra del camino y ve a por ella. Hazme caso, leñe, que el diablo sabe más por viejo que por diablo.

ANGELITO.- ¡Tan viejo que chocheas! No lo hagas Narciso, si la amas, si de verdad la amas, no lo hagas, que sea ella quien decida libremente a quién amar. Para que vuestro amor sea verdadero no debe erigirse sobre los cimientos de una artimaña.

DIABLO.- ¡Vaya, que poético nos ha salido el angelillo! Narciso, sabes que debes hacerlo, sabes que al final lo harás, así que adelante. Es ahora o nunca.

NARRADOR.- Y Narciso empuja la pesada jardinera que cae, sin piedad, sobre la atolondrada testa de Osicran, haciéndose completamente añicos sobre su coronilla.

ACTO SEGUNDO

Escena I

NARCISO y OSICRAN

En el hospital

NARCISO.- ¡Ay, amigo! ¡Cuánto lo siento! Gracias a la hermosa Venus, pues tu hermosura no ha sido violentada ni un ápice. Bajo estos focos, tu hermoso rostro deslumbra aún más si cabe y la cicatriz en tu coronilla… nada que tu frondoso y precioso cabello no pueda ocultar. ¡Ay, amigo! Gracias a la poderosa Minerva por proteger tus delicadas y talentosas manos. ¡Ay, amigo! ¡Cuánto siento que te vayas a perder el baile de máscaras!

OSICRAN.- No te lamentes más buen amigo. Los dioses así lo han querido. Toma mi disfraz y acude tú en mi lugar.

Escena II

NARCISO

En su alcoba

NARRADOR.- Acicalándose para el baile de máscaras frente al fastuoso espejo de estilo barroco de cuerpo entero.

NARCISO.- ¡Oh flagrante delito! ¡Oh perversa costumbre que convida a ocultar mi hermosura! ¿Se puede ser más desdichado? ¿Puede existir más hondo pesar? Narciso, respira y no te alteres, que tu piel se resiente. Todo esto es por ella que, creyéndote Osicran, será tuya antes del tañer de las campanas anunciando un nuevo día. Y cuando los primerizos rayos de sol desvelen tu verdadero y precioso rostro, ya será tarde, porque su corazón será tuyo para siempre.

Escena III

AMINA y LENA

En su alcoba

AMINA.- ¡Más fuerte, Lena! Apriétame más el corpiño. Sin miedo, estira más fuerte.

LENA.- ¿Estás segura, Amina? Si continuo apretando te faltará el aire y te desvanecerás en medio del baile en los brazos de Osicran y…

NARRADOR.- Amina ríe ante el tono de mofa de su sarcástica hermana, mientras con una mano sigue agarrada al poste de su cama y con la otra le lanza un zapato a Lena, con tal mala suerte que este impacta contra el perchero en forma de busto que viste su disfraz y ambos caen a la lumbre. Lena en un acto reflejo intenta rescatarlo del fuego y, si bien no sufre daño severo alguno, se quema los rebeldes mechones que se le escapan de su recogido.

AMINA.- ¡No seas boba, Lena! ¡Ahora verás, hermanita! ¡Oh no, mi disfraz! ¡Oh no, Lena, tu pelo!

LENA.- ¡Oh, odioso, traicionero y malévolo Vulcano! No has cesado en tu empeño hasta destrozar mi cabello. Malditas danzarinas ninfas del inframundo que hacéis crepitar la mano que os da de comer. ¡Cuán grande es mi aversión a estas hijas del averno!

AMINA.- ¡Oh Lena, cuánto lo siento! Maldigo una y mil veces esta certera puntería con la que me ha obsequiado Diana. Perdóname por favor, no era mi intención causarte mal alguno. Si tu no acudes al baile, yo tampoco lo haré; quedémonos esta noche de phantomima en nuestra alcoba inventando historias como hacíamos cuando éramos niñas.

LENA.- No te lamentes más, querida hermana. ¿Quién soy yo para cortarte las alas? Los dioses así lo han querido. Toma mi disfraz y acude tú en mi lugar.

ACTO TERCERO

Escena I

NARCISO y AMINA

Explanada

NARRADOR.- Narciso con el disfraz de Osicran y Amina con el de Lena, se encuentran en medio de la agitada algarabía enmascarada. Amina enseguida halla a Osicran entre la multitud que se agolpa en la pista de baile, pero Narciso no reconoce a Amina bajo el disfraz de Lena, creyéndola esta. De fondo suena Marvin Gaye de Charlie Puth.

NARCISO.- ¡Ay, pobre de mí, no veo a Amina por ninguna parte! Sin duda no puede andar muy lejos de Lena. Puede que me acerque a preguntarle. O mejor no. ¡Valor Narciso!, que tu gallardía iguale a tu hermosura. Ve y pregúntale por ella.

AMINA.- ¡Que fortuna la mía! ¡Es Osicran! ¡Y me está mirando! ¿Debería acercarme? ¿O tal vez no? Quizás debería ser él quien lo hiciera. ¡Valor Amina!, ve y cuéntale lo que sientes.

NARCISO y AMINA [al unísono].- ¡Hola! [ríen] ¡Perdona! [vuelven a reír] ¡Tú primero! [más risas].

NARCISO.- Oye Lena, ¿ha venido tu hermana contigo? Te lo ruego, no le cuentes nada. Guárdame el secreto. Ayúdame a conseguir su favor. La amo, y si tú también la amas querrás lo mejor para ella. Y ¿qué mejor que alguien tan apuesto como yo para engalanar su costado?

AMINA.- ¡Oh Osicran, mi querido Osicran! Olvídate de mi hermana, pues ella ama a Narciso. Pero en cambio yo… Yo te amo, Osicran. Te amo como el estío ama a los rayos del sol, te amo como un moribundo ama a la vida… Si tan solo me dieras la oportunidad…

NARRADOR.- Narciso se quiere morir cuando se entera que Amina no le ama. Sus palabras, como afilado acero, le atraviesan las entrañas.

NARCISO.- ¡Qué desdicha! ¡Cuán hondo es mi dolor! ¡Qué tanta hermosura no haya sido suficiente para que me eligiera a mí!

NARRADOR.- Y un despechado Narciso levanta lentamente la máscara a Lena mientras hace lo propio con la suya, cierra los ojos y besa a Amina, que instintivamente también cierra los suyos.

AMINA.- ¡Oh cuán pequeño es el mundo en comparación con este cielo! ¡Oh razón que escapas a mi entendimiento! ¿Cómo es posible que en un beso quepa todo el universo?

NARRADOR.- Entonces Amina abre los ojos, quedando horrorizada al percatarse de quien es el destinatario de su beso, mientras que Narciso abre los suyos y no cabe en sí de gozo.

NARCISO.- ¿Es esto un sueño? ¿O acaso he muerto y estoy viendo un ángel? ¡Oh, Amina, si supieras cuán henchido está mi corazón de dicha! Te amo, Amina del ánima mía. Te amo y esta noche, si los dioses quieren, por fin serás mía.

AMINA.- Narciso, por favor, no sigas. No me hagas esto. Te aprecio, pero no te amo. Y no pronuncies el nombre de los dioses en vano, pues solo a mí, y no a ellos, me concierne decidir con quién comparto mi vida y lecho.

NARCISO.- Pero Amina… Te lo ruego. Regálame esta noche y cambiarás de parecer. Dame una oportunidad, una sola oportunidad, y mi hermosura y encanto harán el resto.

AMINA.- Narciso, tú solo te amas a ti mismo. No te engañes, no me amas, me quieres. Me quieres como deseas cualquier ornamento en tu solapa que pueda exaltar tu estampa. Me quieres como deseas el último modelito de Gucci para vestir tu ego, o las nuevas zapatillas de Dolce&Gabbana para que te besen los pies. Y yo no soy un vestidor, no seré tu fashion victim.

NARRADOR.- Narciso, haciendo oídos sordos, intenta besar otra vez a Amina, pero esta sale corriendo y nuestro pagado de sí mismo protagonista, sin perder la compostura, tras ella.

Escena II

NARCISO y AMINA

Bajo del balcón de Narciso

NARRADOR.- Narciso y Amina discuten. Sus gritos ensordecen una ciudad ya que duerme. Amina le lanza un zapato, con tal mala suerte que este se cuela por la ventana de la habitación de Narciso y hace añicos el recargado espejo que tan celosamente guardaba su secreto. Una diminuta esquirla perdida sale disparada, y quiere el azar (o los caprichosos hados) que quede enquistada en el punto exacto donde se unen las manecillas del reloj de pared que se reflejaba en el malogrado vidrio. Entonces ocurre algo inesperado e impropio de un relato, que aunque hilarante, racional: durante unos instantes el tiempo se detiene, y cuando comienza a correr de nuevo, lo hace al revés.

AMINA.- ¡Narciso, tu pelo! ¡Narciso, tu cara! ¡Narciso!, ¿qué poderosa alqvimia es esta que transmuta lozanía por senectud? ¿Qué clase de sortilegio es este que torna hermosura en feeza? ¡Narciso!, ¿qué has hecho? ¿Acaso es esto obra del maligno?

NARCISO.- ¡Oh, cruel ancianidad que vienes a arrebatar mi jovial hermosura! ¡Oh, maldito reloj mal comprendido que me sisas el tiempo robado! ¡Qué cien años de perdón no sean suficientes para pagar tu culpa!

AMINA.- ¡Ay, Narciso! La impotencia anega mi alma. Dime, querido amigo, cómo puedo ayudarte. Dime qué puedo hacer para que este trance sea más llevadero. Dímelo, Narciso. Y si está en mi mano, lo haré.

NARCISO.- ¡Oh, Amina! Solo hay una cosa que deseo más que seguir viviendo sabiendo que no me amas: un beso. Un beso tuyo y la muerte se me antojará la más dulce de las despedidas.

NARRADOR.- Amina se arrodilla al lado de Narciso y le toma la mano. Sus lágrimas se despeñan sobre su difuminado rostro. Amina se inclina sobre él e instintivamente cierra los ojos. Le besa. Y cuando los abre de nuevo ya no queda nada.

ACTO IV

Escena I

LENA y ABUELITA

En casa de Amina y Lena

NARRADOR.- Lena, aburrida en su habitación, se pregunta cómo le estará yendo a su hermana en la fiesta. No deja de pensar en Narciso y en qué hubiera pasado entre ellos de haber ido. Mira por el gran ventanal que se abre al mundo y ve como una estrella fugaz se despeña del cielo y, fugaz, le pasa una idea por la mente que, ni corta ni perezosa, toma al vuelo.

LENA.- ¡Oye, abuelita, querida abuelita! ¿Aún conservas tu precioso vestido de novia y el velo?

ABUELITA.- ¡Claro que sí, niña!, está en mi dormitorio, pero el velo se extravió hace ya tiempo. ¿Por qué me lo preguntas? ¿Qué se te está pasando por tu loca cabecita?

LENA.- ¡Ay, abuelita! En el nombre del amor, que palpita en mi pecho y me quita el aliento, te suplico que me lo prestes. Necesito ir al baile de máscaras y decirle a Narciso que le amo y que si él quisiera yo… Me entiendes, ¿verdad abuelita?

ABUELITA.- ¡Claro que te entiendo, querida¡ Si tuviera tu edad, volaría a su lado. ¡Pero hija!, ¿con qué te cubrirás el rostro?

LENA.- Pues no sé abuelita. Tal vez… Quizás… ¡Ya lo tengo!, utilizaré una de esas cosas raras que mamá se pone en la cara. ¿Cómo las llama? Ah sí, mascarillas faciales. Si preguntan, diré que voy disfrazada de novia a la que se le ha echao el tiempo encima.

Escena II

OSICRAN y CELADOR

En el hospital

NARRADOR.- Osicran es trasladado a planta desde el box en el que permanecía ingresado por el celador de turno, donde deberá permanecer una noche en observación. No puede dejar de pensar en Lena y en qué hubiera pasado entre ellos de haber ido a la mascarada. Pero ahora que ya se encuentra mucho mejor, barrunta la idea de escaparse a la fiesta para encontrase con ella y declararle su amor. Solo hay un inconveniente, no tiene disfraz. Entonces (si esta delirante narración fuera unos dibujos animados, veríamos encenderse una bombilla en la cabecita de Osicran)…

OSICRAN.- ¡Oye tío! En nombre del amor que mueve el mundo ¿Puedo pedirte un favor? ¿Me prestas tu traje? ¿Y una mascarilla de esas?

CELADOR.- ¡Si que te has golpeado fuerte la crisma que se te va la olla! ¿Estás hablando en serio?

OSICRAN.- Nunca he hablado tan en serio. Y jamás he estado tan cuerdo como en este instante. ¡O tan loco! Porque ¿acaso no es el amor la mayor de las locuras?

CELADOR.- ¡Vale tío!, pero calla ya. En vestuario miraremos que podemos encontrar para ti. Y lo primero un tapabocas.

ACTO V

Escena I

LENA

Callejeando

NARRADOR.- Lena, ataviada de tal guisa, se encamina, con paso firme y decidido, al encuentro de Narciso.

LENA.- ¡Ay, dioses del firmamento! Dadme fuerzas para reunir el valor necesario para hacerle saber que le amo. Que le amo tanto que solo hasta que deje de respirar, dejaré de amarle.

Escena II

OSICRAN

Callejeando

NARRADOR.- Osicran, de blanco impoluto, como si de una aparición espectral se tratara, y a paso raudo, acorta la distancia que le separa de Lena.

OSICRAN.- ¡Ay, dioses del firmamento! Dadme fuerzas para reunir el valor suficiente para hacerle saber que la amo. Que la amo tanto que solo hasta que se detenga mi corazón, dejaré de amarla.

Escena III

AMINA, LENA y OSICRAN

En la calle de Narciso

NARRADOR.- Lena y Osicran se encuentran por casualidad. No se reconocen. De repente algo llama su atención. Es Amina envuelta en lágrimas, inmóvil bajo el balcón de Narciso. Ambos corren en su auxilio.

LENA y OSICRAN [al unísono].- ¡Amina! ¿Qué ocurre? ¿Estás bien? ¿Qué ha pasado?

NARRADOR.- Osicran y Lena se miran sorprendidos ante tal coincidencia. Pero Amina no les reconoce.

LENA.- ¡Hermana!, me estás asuntando. ¿Qué ha pasado? ¿Estás sola? ¿Dónde está Narciso?

OSICRAN.- ¡No puede ser cierto! ¡Es ella! ¡Es Lena! ¡Oh universo que has conspirado a mi favor! Pero… ¡Ay inoportunos hados! En qué mal momento me la has puesto en mi camino. Ahora solo importa Amina.

NARRADOR.- Osicran se quita el cubre bocas y Lena se limpia como puede la cara con la cola del vestido. Amina, al reconocerlos, se siente más aliviada, si bien su corazón se le pone del revés al ver a Osicran.

AMINA.- ¡No puede ser verdad! ¡Es él! ¡Es Osicran! Recomponte, Amina, que no te vea en este estado.

LENA.- ¡Ay hermanita!, me estás asuntando. Dime, por favor, ¿qué ha ocurrido? Estás pálida.

AMINA.- ¿De qué demonios vais vestidos? Lena, ¿no es ese el vestido de novia de la abuela? Y ¿qué te has embadurnado en la cara?

OSICRAN.- Es una larga historia, Amina.

LENA.- Amina, déjate de preguntas sin importancia y dime si estás bien. ¿Qué ha pasado?

NARRADOR.- Amina les cuenta a su hermana y a su amado Osicran todo lo que había ocurrido con Narciso. A Lena se le cae el alma al suelo. No quiere seguir viviendo en un mundo donde este no esté, y coge una esquirla de espejo que aún sobrevive en el suelo con intención de quitarse la vida. Osicran intenta impedírselo y se corta él en lugar de ella.

AMINA.- ¡Osicran!, ¿qué te ocurre? ¡Oh no!, otra vez no. Osicran, te amo, no te vayas, no me dejes.

OSICRAN.- ¡Ay, Amina, cuánto lo siento! Pero yo amo a Lena. ¡Lena!, te amo. ¡Oh Lena! ¡Qué despedida más dulce con tu nombre rozándome los labios! ¡Lena!, te lo ruego, bésame. Un beso tuyo será suficiente para deleitarme toda la eternidad.

NARRADOR.- Y Lena se arrodilla junto a Osicran y le toma la mano. Se inclina sobre él e instintivamente cierra los ojos. Le besa. Y cuando los abre de nuevo ya no queda nada.

FIN

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