La familia feliz ( a su manera) ©by mabm


—¡Mira, la familia feliz! —exclaman al unísono, junto con un leve levantamiento de mentón, los del barrio de toda la vida mientras degustan unas cañas y unas bravas en el nuevo café de moda.

—¿Feliz? —pienso yo con ironía observando desde el coche, a la espera del verde, sin poder evitar soltar una carcajada.

Pero supongo que, como todo, hasta la felicidad es relativa, porque donde ellos ven una familia feliz yo veo una total y absoluta indiferencia, todo aquello diametralmente opuesto a la felicidad y, tal vez, hasta al amor.

Ella camina unos pasos por detrás de su pareja, con su hijo más pequeño de la mano, casi arrastrándolo, con paso cansado y una cara de hastío (o de vinagre, como diría mi padre) que no puede. Él, con el otro hijo a su bola, mira y escribe por el móvil como si no hubiera mañana y con cara de gilipollas. Luego se sientan en el bar de enfrente y, mientras los niños dan por saco en mesas ajenas, ellos ni se miran (probablemente ya ni se tocan, pero viven cómodos, a su manera), cada uno con sus narices pegadas al teléfono. La señora de la mesa de al lado hace carantoñas a los niños; ¡chapó! , ya tienen niñera improvisada.

Mientras, en la acera de enfrente, pasa otra parejita, también cogida de la mano, y con un hijo de la otra cada uno, mientras se deshacen en piquitos y confidencias al oído.

Pero ¿eh?, pienso para mis adentros mientras fijo de nuevo mi vista en la primera, ahí va la familia feliz.

Junio 2022

11 respuestas a “La familia feliz ( a su manera) ©by mabm

  1. Así se construye el mundo. La vida no es fácil, y mantener algo más que indiferencia está, aparentemente, vetado a la gran mayoría. Lo queramos o no, hasta los más simples son enormemente complejos, y casar bien es casi un imposible. Al menos, así he terminado por verlo yo mismo.

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    1. Así es. Pero lo que no entiendo es cómo alguien sigue con una persona a la que ya no quiere y que no le quiere. Eso es quererse muy poquito a uno mismo.

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    2. Yo creo que hay dos razones fundamentales, y puede haber otras accesorias. La primera, por costumbre; como es fácil de reconocer, somos una especie de costumbres, fundamentalmente. Cuando encontramos una solución a una situación, nos aferramos a ella como si no hubiese otra, y la hacemos nuestra independientemente de que las circunstancias exteriores cambien. La segunda, porque hemos construido un tipo de sociedad tan compleja en sus fundamentos de orden social (laboral, económico, familiar) que, una vez organizada una relación de pareja, se vuelve en general muy complejo dar marcha atrás. Las normas vigentes lo posibilitan en lo más instrumental, pero el trasfondo organizativo sigue siendo el mismo. Y yo diría que incluso se sigue complicando poco a poco. De manera que la gente se rinde, llega un momento en que es incapaz de dar más pasos adelante. Con excepción de los ricos, claro; esos hacen lo que les da la gana. Me estoy refiriendo al común de los mortales.

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