De princesas encantadas, caballeros, brujas y bandoleros (y otras extrañas criaturas) ©by mabm


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Valeroso caballero de noble linaje, rancio abolengo y libertinas maneras, de armadura dorada, que no de oro, cabalga liviano a lomos de un níveo y devoto rocín por las callejuelas que serpentean bajo el abrasador sol de una ciudad de arena de cuyo nombre no puedo acordarme, pero a buen seguro tengo en la punta de la lengua. Aunque no os dejéis engañar, pues su posesión más preciada no es su montura ni el yelmo que día y noche cubre su testa, ni siquiera el espaldar que le guarda las espaldas, sino Valeria, su inseparable espada.

Las malas lenguas rumorean que un hada enojada porque no quiso obsequiarle con un beso convirtió en bravo dragón a una golondrina de oscuro plumaje que aquel sediento estío anidaba en los engalanados balcones de la villa en fiestas y lo envió a arrancarle la boca. Las sinhuesos cuentan también que antes de aquel desafortunado incidente el descalabrado hidalgo (que tenía un morro que se lo pisaba y tras este había ganado en ahorro en material de botiquín) iba aireando doquiera que recalaba que Valeria era una hermosa princesa encantada de piel argentada y que el uno para el otro eran el antídoto para acabar con su maleficio; aunque no nos queda del todo claro que ella pueda romper maleficios ajenos, si bien hasta los confines del reino es bien sabido que solo él podía desencantarla.

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Érase una vez una bruja (la bruja negra del aquelarre, la llamaban) cuyo camino se cruzó con el del futuro desdichado jinete sin boca (o el de este se cruzó en el de la bruja) cuando se empolvaba su respingona nariz con polvos de cuerno de unicornio mientras se contemplaba en la superficie de un cristalino arrollo porque un elegante y bien parecido, a la par que temerario. bandolero le había robado su espejito mágico; y su corazón. Absorta en tales menesteres se hallaba cuando un pajarillo aún no venido a menos le sopló al oído que su amigo bandido le había regalado su preciado artilugio a una salada sirena de agua dulce. Entonces, ni corta ni perezosa la bruji piruji convirtió al alado mensajero en un travieso duende y le envió a recuperarlo.

Así las cosas, quiso la (mala) fortuna que, casualmente, por ahí pasara un pobre diablo ataviado con un deslumbrante sayo de hojalata del mismísimo color del oro que, desde las alturas que le proporcionaba su verticalidad, oteaba el horizonte y la surrealista escena que, a todas luces, malinterpretó: un diminuto hombrecillo, con malas artes, sisó el espejito con el que jugaba una hermosa sirena. El chalán se bajó raudo de su asno y corrió tras el duende de guante blanco para recuperar el espejo y ganarse el favor de la mujer pez, con tan mala suerte que cuando un tardío rayo de sol se reflejó en sus vestidurasperdió el mundo de vista y, tras un aparatoso traspiés con su labio inferior, cayó rendido a los pies de una bellísima hada vestida de azul que le hizo olvidar a su sirena. Preso de un deseo incontenible no dudó en robarle un beso a su nuevo amor. a lo que esta, furiosa, le apartó de un empujón. Pero nuestro donjuán no se percató que justo en el instante en que sus labios a punto estuvieron de posarse en los del hada, su princesa prometida lo observaba todo desde el otro lado del arroyo.Este le juró y perjuró que aquello había sido solo un escarceo sin importancia, pero los gritos de ella eran de tal magnitud que ensordecían sus palabras, quebrando en mil pedazos el espejo de la bruja. Fue entonces cuando la bruja, enfadada, convirtió a Valeria en espada y el hada en dragón al ave enviándolo a arrancarle la boca al caballero.

FIN

Septiembre 2022

2 respuestas a “De princesas encantadas, caballeros, brujas y bandoleros (y otras extrañas criaturas) ©by mabm

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